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Una Ley Fumigada

El proyecto de modificación de la Ley de Fitosanitarios -que contaba con media sanción de la Cámara de Diputados santafesina- perdió estado parlamentario. Obtenida hace un año la aprobación de la Cámara Baja, esperaba tratamiento en la Comisión de Salud del Senado, que la cajoneó. Ahora habrá que esperar la presentación de un nuevo proyecto. Mientras tanto, en un problema que va más allá de los límites para fumigar, en la región se multiplican el cáncer, las malformaciones genitales y los casos de hipotiroidismo.

Por Jorge Cadús

LAS MODIFICACIONES A LA LEY 11273
Después de cinco años de la primera presentación de modificación de la Ley Provincial de Fitosanitarios (Ley 11.273), el proyecto en el que confluían las iniciativas de varios legisladores que obtuvo sanción de Diputados hace un año, y aguardaba tratamiento en la comisión de Salud Pública y Medio Ambiente de la Cámara de Senadores, finalmente perdió estado parlamentario.

El debate sobre los modos de producción, los factores ambientales y cómo afectan a la salud de las comunidades que hoy se extiende a todo el territorio nacional cobró nuevas fuerzas en nuestra provincia a partir de la media sanción que la Cámara de Diputados le dio al proyecto del diputado socialista Raúl Lamberto.

La iniciativa apunta a establecer límites a través de franjas sanitarias en las que se prohibiría la aplicación de todo producto agroquímico en cercanías de poblados, escuelas y viviendas rurales, cuyas distancias variaban según el modo de aspersión (aérea o terrestre).

También establecía pautas de precaución en la manipulación de químicos y manejo y disposición final de envases de esos productos y mayores controles sobre empresas fumigadoras e ingenieros agrónomos, al tiempo que proponía el fomento de producciones agrícolas alternativas para las áreas de exclusión de agroquímicos.

El centro del debate es que la reforma establece una zona de 500 metros en derredor de los centros urbanos donde se prohíbe la aplicación de glifosato, se extiende a un kilómetro para fumigaciones áreas, y se eleva la clasificación de este agroquímico a una categoría superior para lograr mayores cuidados.

Pero el problema, en rigor, va más allá del glifosato: se trata de un debate sobre qué modelo de país construimos, para cuántos, para quiénes, hasta dónde.

LOS NOMBRES DEL ESPANTO

Los senadores que integran la Comisión de Salud Pública y Medio Ambiente y que cajonearon la discusión del proyecto son José Baucero (departamento San Javier), Danilo Capittani (departamento San Jerónimo), Horacio Galaretto (departamento San Lorenzo), Alberto Crosetti (departamento Belgrano) y Cristina Antonia Berra (departamento San Martín).

Alberto Crosetti fue quien intentó explicar por qué se dejó caer la iniciativa.

“No ha sido caprichosamente», señaló el legislador.

Y puntualizó que «hemos estudiado el proyecto y hemos consultado a todas las partes interesadas y a todos aquellos que conocen el tema”, y “creemos que hay que seguir estudiando este tema pero con rigor científico, sin demonizar ningún producto”.

Crosetti afirmó también que desde la Comisión de Salud que él integra, “hemos trabajado en el sentido de buscar información con mucho rigor en cuento a lo científico. Hemos consultado al INTA, al colegio de ingenieros y a todos los que saben y creemos que todavía falta un debate para poder modificar esta Ley”; al tiempo que insistió en que se “han demonizado algunos productos y se han dejado a otros por fuera y que son peligrosos también”.

El senador pronosticó que “en cuanto termine el receso volveremos a tratar este proyecto. Siempre con la visión de preservar la salud sobre todas las cosas».

Crosetti aseguró terminantemente que “aquí no hay ninguna presión, esto es una decisión del conjunto atendiendo a los pedidos de todos los afectados, sin montarse a la idea de que esto es dañino porque es dañino sino con rigor científico”.

RAZONES Y DISPARATES
Apenas obtenida la media sanción de la reforma en la Cámara baja, a mediados del 2010, el vicepresidente primero de Federación Agraria Argentina (FAA), Omar Barchetta, expresó que esa modificación «no es razonable, y por eso no estamos de acuerdo con la media sanción que obtuvo en la Cámara de Diputados. No estamos diciendo que estamos en contra de la preservación del medio ambiente, pero consideramos que la media sanción no tuvo en cuenta todos los aspectos sobre los que actúa la misma».

En esa línea, el presidente de la entidad, Eduardo Buzzi, señaló a este medio que «no está demostrado que el glifosato sea tan contaminante, hay cosas que son más contaminantes que el glifosato. Lo que tenemos es un problema: hay que ver qué se puede sembrar alrededor de los pueblos. Y ahí hay que ser muy cuidadoso, que haya controles, no hay que fumigarle a la gente en la cara, pero tampoco puede hacerse el disparate de irse a mil metros de los pueblos. ¿Qué hacemos mil metros alrededor de cada pueblo? ¿Qué se siembra?».

Buzzi argumentó que «en todo caso hay que tener mucho cuidado en cómo se aplican los agrotóxicos, pero no es un problema que hay que eliminar los agroquímicos, porque no hay agricultura sin agroquímicos. En la zona cercana a los pueblos no se puede fumigar, eso es indudable, cerca del pueblo no se puede fumigar. Habrá que tener pastura, habrá que tener otra cosa. El agroquímico debe ser usado con mucho control y mucha racionalidad, pero no debe ser estigmatizado. Si lo estigmatizamos el mundo va hacia la hambruna».

En forma paralela, el dirigente reconoció que «si dejás a todos que siembren donde quieran, siembran hasta abajo de las macetas. Y eso es riesgoso para el equilibrio ambiental y para el equilibrio social».

TELA DE ARAÑA
En Santa Fe, la Ley Nº 11.273 establece prohibiciones de uso y aplicaciones de los productos fitosanitarios. El organismo de aplicación de esta normativa, es la Dirección de Sanidad Vegetal, perteneciente al Ministerio de la Producción. Repartición que cuenta con menos de diez funcionarios para el control de los centenares de kilómetros que ocupa el territorio provincial.

La ley 11.273 define a los productos fitosanitarios, plaguicidas y agroquímicos como «términos utilizados para identificar a un grupo de sustancias destinadas a prevenir, repeler o controlar plagas».

Mediante dicha norma, la provincia de Santa Fe reguló «la elaboración, formulación, fraccionamiento, distribución, transporte, almacenamiento, expendio, aplicación y destrucción de envases» de estos productos. El objetivo principal de dicha ley, de acuerdo a su artículo 1ª, es «la protección de la salud humana y los recursos renovables…».

Como lo detallan Antonio Elio Brailovsky y Dina Foguelman en el libro «Memoria Verde», Santa Fe desarrolló «regulaciones prohibiendo circular con maquinaria de aplicación y almacenar estos productos en áreas urbanas, normativa que no se cumple. También hay galpones llenos de envases vacíos con los que los vendedores de agroqímicos no saben qué hacer, pues los fabricantes no los aceptan de vuelta y no hay depósitos de residuos peligrosos donde ubicarlos. A veces terminan en un basural público a cielo abierto y aún en zanjas de bordes de caminos…».

EL INFORME OLIVA
En enero de 2006 y septiembre de 2008, la revista Postales publicó las conclusiones del llamado «Informe Oliva», una investigación desarrollada por un equipo interdisciplinario coordinado por el doctor Alejandro Oliva, que abordó las relaciones entre salud y exposición a factores ambientales en varias localidades del sur provincial. El estudio fue financiado por el Ministerio de Salud de la Nación, y realizado por el Centro de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente del Hospital Italiano Garibaldi de Rosario, la Universidad Nacional de Rosario (UNR), el INTA, el Colegio de Ingenieros Agrónomos y Federación Agraria Argentina (FAA).

Entre sus conclusiones, el trabajo -que abarcó las localidades santafesinas de Alcorta, Máximo Paz, Santa Teresa, Carreras y Bigand- reveló que «existen relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a factores de contaminación ambiental, como los agroquímicos». Y sentenció que en la región «los hallazgos fueron contundentes»: en el caso de cáncer de testículo existe una incidencia tres veces mayor al promedio nacional; en el cáncer de ovario, la incidencia es de dos veces por sobre la media; el registro para cáncer de hígado es casi diez veces más que el promedio; en los casos de cáncer de páncreas y pulmón, el doble de lo esperado.

También se registra un aumento significativo de cáncer de mama, y una notable incidencia en casos de cánceres de tipo digestivo.

Un capítulo aparte lo representan las malformaciones uro-genitales masculinas: «las cifras son elocuentes al respecto, ya que las incidencias se ven amplificadas entre 10 para testículos no descendidos (criptorquidias) y alrededor de 20 veces para hipospadias», sostiene el informe.

Entre las fuentes de contaminación, el Informe Oliva señala el uso de agroquímicos, las plantas de acopio de cereales, los depósitos de plaguicidas, los lugares donde se lavan y guardan los equipos de fumigaciones, basurales a cielo abierto y transformadores con PCB.

TODOS SOMOS VULNERABLES
Hacia diciembre de 1999, la misma revista publicó un breve informe sobre el «primer estudio de factores de vulnerabilidad en la exposición a plaguicidas en Santa Fe», que en ese momento se implementaba en la localidad de Bigand, en el marco del Plan de Gestión de Sustancias Químicas del gobierno nacional. El trabajo daba en esos días sus primeros pasos tendientes a evaluar «el impacto social y sanitario del uso de plaguicidas».

Diez años después, se han dado a conocer parte de los resultados de la investigación, basada en entrevistas a productores rurales de ese distrito; una evaluación ambiental de agua y suelo; y una valorización biológica a través de la extracción de sangre a voluntarios. Las conclusiones detallan que «más de la mitad de los encuestados y el 100% de los fumigadores refieren que ellos o conocidos estuvieron intoxicados alguna vez».

Al mismo tiempo, remarca que «el 90% de los encuestados señala que no existen personas resistentes a las intoxicaciones».

En el trabajo son mencionados alrededor de 40 agrotóxicos, con una amplio predominio del uso de glifosato; y confirma efectos agudos de la exposición a estos plaguicidas: alergias, dolor de cabeza, mareos, irritación respiratoria, dérmica y de ojos.

EL INFORME CLOQUELL
El informe «Identificación de relaciones entre salud rural y exposiciones a factores ambientales en la Pampa Húmeda argentina. Aspectos Sociales», de la socióloga Silvia Cloquell, completa aquellas primeras conclusiones, recogiendo un profuso trabajo de entrevistas, testimonios y encuestas en los pueblos ya citados.

Las voces que muchas veces recorren las calles de estos pueblos han sido recogidas en las charlas y talleres realizados. Allí está el sentido común, pero también los padecimientos cotidianos de quienes vivimos de este lado del mundo, en el primer intento serio de sistematizar esa información. «Las opiniones vertidas, tanto por hombres como mujeres, acerca de las relaciones ambiente-enfermedad en la discusión en grupos y talleres, expresan en su mayor parte dudas, confusiones e incertidumbre acerca del problema. Definido por uno de los participantes como: no sé qué esta pasando, pero algo pasa, no puede ser que cada vez más gente esté enferma de cáncer…» puede leerse en el informe elaborado por la investigadora.

Al mismo tiempo, explica que la dificultad más importante «es la visualización de la relación entre enfermedad individual y las condiciones externas que pueden propiciarla (…) la descripción de las condiciones de riesgo, la distancia de las casas a transformadores, plantas de empaques y silos, conforman para muchos una situación de toda la vida, que adquiere una nueva dimensión, que implica cambiar la forma de pensar su propia realidad».

El 78,9% de las familias entrevistadas viven cerca de silos, galpones y/o transformadores, mientras que el 34,7% de esos hogares cuentan con más de una de estas edificaciones de riesgo. Alcorta es la localidad que cuenta con la mayor proporción en esta situación. El estudio afirma así que «puede observarse, en el diseño de los pueblos, una total ausencia de presunción de las condiciones de riesgo que con respecto a la salud se daba en el mismo».

Esa «ausencia de presunción de las condiciones de riesgo» es la que ha generado la multiplicación de varias enfermedades en las cercanías de las fuentes de contaminación mencionadas. A modo de ejemplo: sólo en Máximo Paz, los Vecinos Autoconvocados –que viven en el espacio comprendido por las calles Suipacha, 9 de Julio y 5 de Julio, lindantes a las cerealeras establecidas en esa localidad- contabilizaron que «en el término de dos años murieron ocho personas que habitaban ese sector del pueblo: cinco de cáncer de pulmón, uno de estómago y hubo otros dos casos más», como lo señalara uno de los vecinos a este medio.

Al mismo tiempo, el 30,7% de las familias encuestadas manifiestan que tienen o tuvieron problemas de cáncer en la familia. En este aspecto, Alcorta vuelve a tener el promedio más alto: el 33,7% presenta este problema. Le siguen Santa Teresa (28,2%), Bigand (28,15), Carreras (23,1%) y Máximo Paz (22,5%). En un alto porcentaje, estas familias tuvieron o tienen 2 o hasta 3 miembros que padecen la enfermedad.

El estudio pone así cifras estadísticas a lo que se dice en voz baja en cada esquina de las localidades sitiadas por el boom sojero, sus silos, sus máquinas y sus agroquímicos: tres de cada diez familias de la región tuvieron o tienen por lo menos un miembro afectado por algún tipo de cáncer, en un panorama que tiende a agravarse. «Los datos y antecedentes ponen de manifiesto la agudización de la problemática en estudio, expresada también en la voluntad de los agentes sociales en organizarse para el control de las condiciones ambientales», termina diciendo el estudio elaborado por la docente e investigadora Silvia Cloquell.

LUGAR COMÚN LA MUERTE
En el marco de la materia Salud Socioambiental, la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario está efectuando un «relevamiento epidemiológico con perspectiva ambiental sobre las condiciones de morbi-mortalidad» en diferentes localidades del sur de la provincia de Santa Fe. En diálogo con PRENSA REGIONAL, el doctor Damián Verzeñassi, responsable académico de este trabajo, señaló que el estudio «tiene que ver con una decisión política de la Facultad de Ciencias Médicas de empezar a construir los datos epidemiológicos que faltan en la región, que permitan saber exactamente qué es lo que está pasando en términos de morbi-mortalidad, es decir, de qué se está enfermando y muriendo la gente en nuestra región».

El relevamiento comenzó en diciembre del 2010, y siguió en marzo de este año, en las localidades de Murphy y Santa Isabel. Allí se hallaron indicadores verdaderamente preocupantes alrededor de la prevalencia de cáncer, enfermedad tiroidea y trastornos respiratorios.

Verzeñassi puntualiza que «lo que hemos descubierto, lo que hemos encontrado en Murphy y en Santa Isabel es que el perfil epidemiológico es muy similar. En ambas localidades, el perfil de mortalidad es muy similar. En Santa Isabel y en Murphy los casos de cáncer son la principal causa de muerte; al tiempo que hay un incremento en la cantidad de personas que fallecen por cáncer en los últimos diez años. Una cantidad que año a año se incrementa. Estamos teniendo una epidemia -que nadie está denunciando- de patologías tiroides. O sea: han aparecido en los últimos años más casos que los habituales de una enfermedad que se llama hipotiroidismo, que de acuerdo a los estudios científicos de que hoy disponemos, está claramente relacionado con la presencia de tóxicos o de agrotóxicos en el ambiente, en los alimentos, el aire y el agua, que la gente que está padeciendo estas enfermedades tiene a su alcance».

Entre los factores determinantes ambientales, el estudio contempla un abanico que va desde los químicos utilizados en la producción agrícola, a la presencia de arsénico en el agua y los transformadores con PCB. Para los investigadores, en el caso de los trastornos tiroideos (tercera enfermedad crónica detectada en el estudio en estas localidades- «se sabe que el endosulfán actúa como disruptor endócrino, alterando el funcionamiento de las tiorides». Para el caso del cáncer -primera causa de muerte en los pueblos relevados- «puede tener que ver con muchos factores, lo que no podemos decir es que los agroquímicos no tienen nada que ver».

Al mismo tiempo, aclaran que «no se trata de demonizar al cultivo de soja, pero sí de defender modos de producción que no pongan en peligro la vida».

En forma paralela, Damián Verzeñassi afirma que «esto no está siendo denunciado por las autoridades de salud pública porque no se conocían los datos. A partir de un convenio de la Facultad con el Ministerio de Salud de la provincia hemos empezado a construir datos epidemiológicos que permiten hoy saber que efectivamente en Santa Isabel y en Murphy hay una epidemia de hipotiroidismo; y que estamos teniendo una imposibilidad de registrarlo porque los médicos hasta ahora no estaban preparados para verlo».

Y confirma que «con este trabajo lo estamos poniendo en evidencia y estamos logrando que la comunidad médica suma la problemática ambiental como determinante de los problemas de salud. En el caso de Murphy, por ejemplo, tenemos que reconocer que fue el médico del pueblo quien alertó y quien advirtió acerca de lo que estaba ocurriendo y eso facilitó muchísimo el trabajo».

DESIERTOS
«…todo lo que en ustedes perdura todavía / será una sal y otra sal y otra más, / todo, / hasta que la muerte los tape con el pájaro hueco de sus ojos» escribió el poeta popular Manuel J. Castilla.

«Una sal, y otra sal y otra más…» parecen comenzar a dibujarse en estas pampas, tiñendo un futuro no demasiado lejano.

Legisladores, funcionarios y productores emborrachados con Round-up parecen empeñados en hacer todo lo posible por convertir la pesadilla en vida cotidiana.
La marca de los agrotóxicos lacera las calles de las localidades del sur santafesino.
Las surca a fuego. Las enferma.
El rabioso amarillo de la quemazón traza uno de sus futuros posibles.
Un desierto de pesadilla, hecho realidad.

Como supo profetizar el poeta Castilla:
«los morderá la tierra
y la ardorosa sal, su más picante espuma
yéndose por el viento y regresando
ha de quemar la última semilla
que aún les vive en los ojos como gota de hueso…»

*Periodista. Es redactor de la revista Postales y de la página web de noticias Portal de los Pueblos. Forma parte del grupo editor del Proyecto Alapalabra, de Madres de Plaza 25 de Mayo de Rosario, y es columnista de Crónicas del Sur (Radio AZ Rosario, sábados, 16 hs). Publicó «Postales de un desierto verde» (Tropiya ediciones, 2005); «Un tiempo ayer ceniza. Historias de la dictadura en el sur de la provincia de Santa Fe» (EMR, 2006) junto a Facundo Toscanini; y «Combatiendo al capital. 1973-1976. Rucci, sindicatos y Triple A en el sur santafesino» (EMR, 2009), en colaboración con Ariel Palacios. En TV fue director periodístico de «Audiencia Debida. Crónicas del sur» (Cablevisión Alcorta / Sacks Paz Televisora), y actualmente de «Estación Sur. En los rieles de la patria», por esas mismas señales.

2 comentarios

  1. La verdad que toda una irresponsabilidad y espero que se pongan a trabajar de en serio en esto que es la salud y no un problema que se puede pasar por alto.

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