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El frente de la soja avanza: Inmensos monocultivos desplazan a los campesinos indígenas de la sabana chaqueña en Argentina

«Después de la Amazonia, el Chaco es uno de los ecosistemas más importantes de Sudamérica. La sabana chaqueña mide cuatro veces más que el territorio de Alemania, y se extiende por Paraguay, Bolivia y Brasil. Al igual que la Amazonia, el Chaco está siendo diezmado por los monocultivos de la soja y el desmonte. Las víctimas: poblaciones indígenas y los pequeños campesinos criollos de subsistencia. En ningún lugar de la Argentina hay tanta pobreza extrema como en el Chaco».

Por Gerhard Dilger
Desde Las Lomitas (Formosa)
Diario TAZ (Alemania)

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Las tomas de tierras del siglo XXI tienen muchas caras. Por ejemplo, setenta kilómetros de ruta recién asfaltada en la provincia de Formosa al norte de Argentina. A la derecha prosperan los matorrales del Chaco, a la izquierda los pantanos de La Estrella: miles de árboles muertos sobresalen del agua, buitres toman su asiento allí.

Recta como un hilo tenso va la ruta provincial 28 de la pequeña ciudad Las Lomitas hacia el noreste, y al mismo tiempo oficia de dique, amenazando la existencia de cientos de familias campesinas y de pescadores.

Según la voluntad de los políticos regionales, el dique hecho calle, que fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, debe servir para el desarrollo de la agricultura. El agua en los lagos recién formados se conducirá a los campos en la franja fronteriza con Paraguay.

Los precios de las tierras en esta zona están en pleno auge, los empresarios e inversores de la soja han emprendido sus negocios en Formosa. Muy pronto, el monte chaqueño y su rica biodiversidad habrán desaparecido. “Los derechos de nosotros, la gente pequeña, no se reconocen”, explica Eduardo Verón. El señor corpulento, con su ancho sombrero marrón y sus 57 años, lidera hace años la resistencia de los pequeños productores y campesinos en los pantanos de La Estrella. En la región de este humedal, que tiene una extensión de 4000 mil kilómetros cuadrados, se encuentran afectadas al rededor de mil familias, entre ellas Wichí y Pilagá.

Verón cuenta de políticos y jueces corruptos, de piquetes y audiencias irregulares, “a nuestro abogado lo compraron”. Antes, los campesinos se dedicaban a la ganadería en tiempo de sequía, nos relata Verón, pero ahora se destruyó el ciclo productivo natural del pantano, y los cauces de los ríos se atascaron.

“Las pirañas atacan a nuestro ganado, miles de vacas murieron en los últimos años. Nos recomendaron que criáramos serpientes de agua. -cuenta amargado- “Nos aplastan cada vez más”. A los jóvenes ya no los contiene el campo.

Después de la Amazonia, el Chaco es uno de los ecosistemas más importantes de Sudamérica. La sabana chaqueña mide cuatro veces más que el territorio de Alemania, y se extiende por Paraguay, Bolivia y Brasil. Al igual que la Amazonia, el Chaco está siendo diezmado por los monocultivos de la soja y el consecuente desmonte. Las víctimas son las poblaciones indígenas y los pequeños campesinos criollos de subsistencia. En ningún lugar de la Argentina hay tanta pobreza extrema como en el Chaco.

En el barrio “Parcela 47” de Las Lomitas, donde viven 60 familias wichí, se reunieron los representantes de distintas comunidades. Están sentados en sillas de plástico en un salón semi abierto, mientras que las mujeres preparan la comida en el patio, debajo de un árbol. “Según la ley nos corresponde ‘suficiente’ tierra apropiada a los indígenas” -dice Abelino Rodríguez, de 45 años y referente del barrio- 10 hectáreas de tierra para 60 familias ¿eso les parece ‘suficiente’?”.

Mariano López, uno de los más jóvenes, describe la toma de tierras de la siguiente manera: “Aquí hay señores que reciben nuestra tierra. Hoy en día ya no vienen con armas, sino con muchísima plata. Nos desalojan, destruyen el bosque, nos hacinan y nos empujan a la ciudad. La ley está de nuestro lado, pero a ellos no les importa.”

En el 2009, los wichí se movilizaron durante semanas por más tierra, trabajo, educación y salud, pero sin resultados. Dos de ellos murieron en el transcurso de esta protesta, de hambre y de frío. Pero también alcanzaron logros: en el año 2010, familias Pilagá recuperaron de manos de la policía 547 héctareas de tierra en Las Lomitas -en el mismo lugar donde se masacró a 500 indígenas en el año 1947-. Hoy, los pilagá trabajan esta tierra para asegurar su subsistencia.

En Formosa la corrupción es moneda corriente. Si bien el parlamento en Buenos Aires le puso freno a la compra de tierras por inversores extranjeros,  “hasta la puesta en práctica hay un largo camino que recorrer”, sostiene Ana Álvarez de la organización Redaf, que apoya a los afectados por el acaparamiento de tierras. Tan sólo en Formosa, la Redaf constató más de 40 conflictos de tierra y/o ambientales con más de 500.000 personas afectadas. Muchas veces se vende tierras fiscales, -que les corresponden a los pequeños arrendatarios después de 20 años de uso-, a grandes inversores, incluida la gente que habita estas tierras.

La Redaf trabaja en estrecha cooperación con la obra episcopal de la Iglesia católica alemana para la cooperación al desarrollo, Misereor. El especialista de Misereor, Bernd Bornhorst, asesora a las contrapartes del norte argentino desde los años 80 en cuestiones de agricultura ecológica, autoorganización y la construcción de un fondo jurídico de autoayuda. Los alemanes tienen un papel importante en el hecho de que las redes de los pequeños campesinos sigan funcionando hasta el día de hoy. Para Bornhorst, las campañas informativas y relaciones públicas en Europa forman parte de este trabajo: “queremos remarcar que el modelo de la soja en Sudamérica está íntimamente relacionado con nuestra política agraria europea y con nuestras costumbres de consumo”.

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