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Discurso de Félix Díaz al recibir Doctorado Honoris Causa: «No nos dejen solos, ayúdennos para que podamos participar en la construcción colectiva del país»

El pasado 21 de septiembre la Universidad Católica de Córdoba otorgó un Doctorado Honoris Causa al líder indígena Félix Díaz, como reconocimiento a su lucha por la tierra. Acá compartimos la transcripción de su discurso al recibir el reconocimiento.

«Creo que la justicia argentina tiene que mirar que este pueblo no quiere ser un pueblo aislado, diferente, un pueblo que quiere vivir, quiere desarrollar su cultura como corresponde, y creo que nuestros gobernantes no están entendiendo, crean falsas imaginaciones en creer que el indígena quiere tener un gobernante aparte, nosotros no queremos eso, lo que queremos es que nos permitan gobernar sobre nuestros territorios con nuestra forma de trabajar, lo que queremos es libertad».

«Muy buenas tardes a cada uno de ustedes, quisiera dedicar a nuestros ancianos que han dado su vida y siguen dando su vida en esta causa que es tan noble que es luchar por la vida de nuestro territorio. Dentro de este reconocimiento me vienen muchísimas imágenes tristes y dolorosas que hemos padecido por mucho tiempo, en nombre del hermano Roberto López (aplausos) que dio su vida, del hermano Samuel Garcete que él está luchando todavía en el hospital de Formosa, por esta represión que hemos sufrido el 23 de noviembre que quedo invalido como consecuencia de la tortura y la violencia policial que ocasionó la vida de estos hermanos que dieron su sangre derramando en la ruta nacional 86, ellos son los merecedores de este reconocimiento. Yo soy un simple siervo de la comunidad, vocero de estas tristes personas que hoy están siendo reconocidas y que existen, que dan la vida por defender la vida del territorio.

Nosotros como indígenas, jamás hemos desafiado a nadie, tampoco nunca hemos tenido rencor a nadie, a pesar de tantas injusticias y tanta violencia que nos han dado, nosotros no tenemos ningún rencor con ninguna persona.

Agradecer por esta oportunidad de poder dirigir a la sociedad toda que hoy estamos aquí presentes, hablamos desde nosotros mismos, y creo que es una señal de un renacimiento de un pueblo que ha sufrido muchísimos años, que se les ha negado la manera propia de organizarse, de manejarse a través de sus pautas culturales que los caracteriza.

Somos un pueblo preexistente ante la Nación Argentina, somos un pueblo que ha vivido milenariamente en este continente, y nosotros hoy creo que tenemos la fuerza que han tenido nuestros padres y nuestros abuelos que nos han enseñado a amar la vida, a amar a nuestro territorio con todos los recursos que existan en esos territorios que hoy no están en nuestras manos.

Hemos aprendido a mirar las cosas como son, hemos aprendido a hablar el lenguaje ajeno, pero lo manejamos muy bien. Hemos podido saber equilibrar las cosas diferentes y creo que la misma sociedad nos enseñó como tenemos que comportarnos, y ese respeto que hoy estamos ganando gracias a la paciencia y la entrega de estos hombres que hoy están clamando justicia, no solamente de lo que pasó el 23 de noviembre sino muchísimas cosas más. No podemos seguir estando sumisos en esta lucha.

Cuando escuchaba cantar el Himno Nacional, cuando decía “Oíd mortales el grito sagrado: LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD”, esa libertad que se ganó mediante la lucha y ese es nuestro objetivo, ser libres, no vivir perseguidos por la justicia. Esa libertad que hemos tenido desde el principio de nuestra existencia en este continente hoy no la tenemos.

Creo que la justicia argentina tiene que mirar que este pueblo no quiere ser un pueblo aislado, diferente, un pueblo que quiere vivir, quiere desarrollar su cultura como corresponde, y creo que nuestros gobernantes no están entendiendo, crean falsas imaginaciones en creer que el indígena quiere tener un gobernante aparte, nosotros no queremos eso, lo que queremos es que nos permitan gobernar sobre nuestros territorios con nuestra forma de trabajar, lo que queremos es libertad.

Estoy muy emocionado porque me recuerdan muchas cosas que han sufrido nuestros padres, esos ancianos que hoy quieren encontrar un camino mejor que no la tienen.

Se nos ha enseñado el Evangelio que es la salvación, pero se usó para silenciar muchísimas vidas, para decir que el indígena hay que tener paciencia (…)  hay que pedir a Dios que castigue a los culpables. Yo creo que la justicia no tiene que permitir eso, cuando matan a un indígena, la justicia tiene que investigar, castigar al culpable de una muerte, no tenemos que estar arrodillando todo el tiempo pidiendo a ese Dios que está muy lejos de nosotros. El Dios está presente cuando nosotros actuamos a su mandato de defender la vida, porque nosotros somos los que relacionamos con la vida, no podemos esperar que baje Dios a solucionar nuestros problemas. Nosotros seres humanos tenemos que ser los constructores de la vida. Nuestros padres adoraban muchísimos dioses, el dios un espíritu invisible que generaba mucho respeto, ese respeto tan sagrado de no matar cualquier animal, no mirar al león como un animal salvaje, un tigre como un salvaje, es mirar que es un ser que también defiende su territorio, no podemos ser superiores a los otros seres.

Somos seres humanos, nos dotaron de diferentes capacidades, y esa capacidad es la que tenemos que usar para defender a la madre tierra, porque ahí está la vida, no está en el dinero, no está en los lujos. La vida está en la tierra, porque es la que nos sostiene, es la que nos da aire, respirar ambiente sano es la vida, no contaminando el ambiente y acumular riquezas, y el resto se muera, esa no es la función del ser humano.

Estoy muy agradecido de que mi gente, mis hermanos, mis padres, que no están conmigo pero sé que espiritualmente me acompañan, de eso estoy seguro, de que estamos haciendo un camino que construye no un camino para destruir  la vida, y este camino lo tenemos que hacer entre todos.

Nosotros nunca nos hemos manejado en yo, los pueblos indígenas no usan el número uno o el primero, el lenguaje indígena es siempre “nosotros”, “la familia”, “mis hermanos”. Después nos impusieron en la boca el “número uno” por querer ser el primero, ese egoísmo que nos cegó, ha destruido muchísimas vidas, por querer estar siempre primero. Muchísimas cosas nos dieron a entender, al relacionamiento con la sociedad creo que me han enseñado muchísimas cosas que yo no sabía. Y gracias a ese respeto que me dan me da mucha fuerza, y ojala que siga teniendo mucha fuerza para seguir ayudando a mis hermanos de diferentes partes del país y del mundo.
Yo no quiero ser Félix el importante, yo quiero ser un granito más de arena, de esta lucha tan inmensa y tan larga y dura que estamos padeciendo. Yo no quiero ser el único, el mejor, yo quiero que todos seamos los mejores hombres, las mejores personas, unidos en esta causa podemos hacer muchísimas cosas más, porque no podemos esperar a que venga alguien y arregle nuestros problemas.

Me alegra muchísimo de que hay muchos pueblos que habitan en Córdoba y que nos estamos conociendo, y hoy es un momento para mirarnos entre nosotros, porque nos hemos sacado nuestras vendas, que tapaban nuestra vista para no mirar al otro, por miedo, por no saber hablar el idioma al que pertenecen. Hoy ese miedo se alejo de nosotros, pero ese miedo tampoco no está superado, sigue latente entre nosotros, porque se cree que atemorizar al otro vas a ganar la batalla. Nosotros cuando hacemos el bien, recibimos el bien si hacemos el mal recibimos el mal, y no tenemos que culpar a nadie de lo que nos pasa, porque es nuestra responsabilidad, si nosotros no confiamos en nosotros mismos, ¿cómo puedo confiar en el otro si no me tengo confianza conmigo mismo? Y no puedo ayudar a otro si no tiene confianza en sí mismo.

Agradezco la oportunidad que tengo de poder estar así hablando, por el reconocimiento que me hace esta universidad, yo se que se va hablar muchísimo en este momento tan importante en la historia de los pueblos indígenas, hermanos indígenas de diferentes países, de las diferentes comunidades que habitamos este continente americano. Quiero decirles a cada uno de ustedes hermanos, que estamos vivos, estamos presentes, porque estamos en boca de todos los argentinos, estamos siendo una discusión social, ¿Por qué? Porque se sabe que estamos renaciendo y nos genera mucha esperanza de que podemos ver un día mejor, donde no hay oscuridad, donde no haiga tropiezos, que podemos caminar en paz, con la frente en alto y poder abrazar a nuestra familia sin miedo, de que podamos convivir con toda la sociedad sin negarnos nuestra identidad. Esa libertad es la que más anhelamos en este momento y la lucha central de los pueblos indígenas es la lucha por los territorios, los territorios esta la vida, la espiritualidad, el alimento, los recursos naturales que le da vida a los originarios, porque así han vivido históricamente con la madre tierra porque es la que le cobija cuando esta desamparado ante la sociedad, pero sí tener ese territorio te condena a una muerte lenta, y esa muerte lenta ha llevado hoy a nuestros ancestros a un lugar donde hoy no sabemos como está, pero si necesitan que ellos estén con nosotros y nosotros queremos que ellos estén con nosotros para recuperar esas tierras sagradas que hoy están en manos de empresas privadas, en manos de terratenientes que alambran nuestro territorio y se hacen dueños de las tierras que no lo son tierras de nadie, es tierra de la humanidad.

La verdad que estoy agradecida por el acompañamiento que me dan. Tengo muchísimos amigos y conocidos que están presentes y no los puedo nombrar a cada uno porque son muchísimos, lo único que les puedo decir (habla en idioma).

Estoy agradecido de poder acompañarlos frente a estas autoridades que enseñan a nuestra sociedad, una enseñanza que proviene de esta casa de estudio que tenga un reconocimiento hacia nuestra lucha para mí es un paso importante, que como decía el rector, no es la solución pero es un grano de arena más de esta lucha.

Yo creo que en este momento tan oportuno yo quiero decirles a ustedes hermanos, les considero hermanos porque están con nosotros y ustedes no nos hacen diferente, somos iguales que ustedes, y ese amor y ese respeto que ustedes tienen con nosotros lo valoramos mucho porque ese es el gesto del ser humano, ese es el gesto que corresponde para defender la vida de los demás.

Solamente les pido una cosa, que no nos dejen solos, ayúdennos a construir una organización propia de los pueblos originarios para que podamos participar en la construcción colectiva del país. (Aplausos). Ayúdanos a caminar, para que podamos salir de este valle de dolor que podamos llegar al horizonte donde queremos estar, con la seguridad de que nuestro futuro pueda mejorar en este camino, a través de su propia capacidad, ayude a nuestros jóvenes para que se formen y que sean profesionales, para que también sean parte de la construcción de un país para todos.

Tenemos muchísima necesidad que nuestros jóvenes adquieran conocimiento a través del estudio, nosotros no rechazamos ni tampoco en contra de la educación, lo que queremos es ser partícipe de ella, no estamos en contra de la tecnología, lo que queremos es también nuestras propias herramientas para desarrollar nuestra propia capacidad, no queremos ser enemigos del Estado, porque el Estado se creó para garantizar nuestra vida, los gobernantes fueron elegidos para defender la vida de sus ciudadanos (aplausos).

Que nuestras autoridades sepan escuchar, que no nos pongan banderías políticas, religiosas, ONG, queremos que nos permitan desarrollar nuestra capacidad, que el Estado sea garante de respetar ese derecho que está en la Constitución, de poder incluir nuestros docentes indígenas, nuestros enfermeros indígenas, nuestras parteras indígenas que son mujeres sabias que tienen muchísimas cosas que aportar. Queremos que seamos beneficiarios de ese respeto que se escribió en el art 75 inc. 17 (de la Constitución Nacional) porque es el garante del desarrollo de un pueblo que necesita ser protegido. No queremos vivir con esa clausula penal que nos condena como usurpadores de una tierra que hemos vivido milenariamente. (Aplausos)

Para nosotros la tierra es nuestra, es la vida, por eso no negociamos ni pretendemos negociar porque no es recurso económico para nosotros, es la vida, la vida misma que nosotros tenemos, nuestra vida no tiene precio, no tiene costo económico, es sagrada la vida, no se puede vender por un cargo político, no podemos vender nuestra vida y rebajarnos como si fuera la solución de una vida, la solución es el respeto, esa garantía que el Estado tiene que empezar a generar, no seguir creando leyes que supuestamente favorecen a los pueblos indígenas, el Estado tiene que aplicar esos derechos constitucionales ya establecidos. (Aplausos).

Muchísimas gracias hermanos en este momento, gracias por acompañarnos, quiero saludar a todos mis hermanos de Potaé Napocná Navogoh (habla en idioma qom), Agustín Santillán de la comunidad Wichí, el hermano Jorge Palomo de la comunidad Wichí, Severiano Bonilla, después Prudencio López, Florentino Palacio, Revelino Coyipe, Eduardo Meguesochi (habla en idioma qom). Gracias también por el enorme esfuerzo de un amigo de los pueblos originarios de Formosa el Padre Francisco Nazar que él está dando su vida a favor de la lucha de los pueblos originarios, el muchas veces sufre esa persecución que nosotros la vivimos día a día.

Agradecer a cada uno de ustedes por estar presente este momento y también desearles muchísima fuerza, no aflojen, miren adelante, confíen en ustedes mismos, dejen de esperar que alguien venga a solucionar sus problemas, defiendan su vida, cuiden su vida, porque es de ustedes no es de nadie, si no lo cuidan nadie los va proteger. La vida es individual pero tenemos que protegernos entre nosotros, para que no seamos exterminados por el poder económico, porque quieren exterminarnos dándonos la pobreza, para recibir una migaja que ellos quieren como si fuésemos objetos de ellos. Muchísimas gracias.- (ovación y aplausos)».

Universidad Católica de Córdoba –  Córdoba, 21 de setiembre del 2012


Discurso del rector de la Universidad Católica de Córdoba

Padre Rafael Velasco S.J.

«Ponemos nuestra credibilidad institucional en el acompañamiento en la vida y en las esperanzas de nuestros hermanos de los pueblos originarios»

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