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Hambrientos de tierra: Indígenas y campesinos alimentan al mundo con menos de un cuarto de la tierra agrícola mundial

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Fotos. GRAIN

Con motivo de la declaración de 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, numerosos expertos, entre ellos la FAO, no han ahorrado en adjetivos que resaltan la importancia de este sector. Sin embargo, temas como la reforma agraria o la restitución territorial ni siquiera se mencionan. Un detallado estudio de la organización internacional GRAIN concluye que «la tierra se está concentrando cada vez más en manos de los ricos y poderosos (…) en todas partes, el acceso a la tierra de los pueblos rurales está siendo atacado».

Fuente: GRAIN

Quienes forman parte de las organizaciones campesinas e indígenas alrededor del mundo y todos quienes mantienen alguna cercanía y solidaridad con sus luchas saben que la escasez de tierra y la expulsión desde el campo son hoy procesos extremadamente agudos. Sin embargo, una cantidad importante de expertos no dejan de asegurar que la mayor parte de la tierra sigue en manos campesinas e indígenas.

GRAIN realizó un profundo análisis de la información existente para darse cuenta de lo que está pasando y el resultado es muy claro: más del 90% de las y los agricultores del mundo son campesinos e indígenas, pero controlan menos de un cuarto de la tierra agrícola mundial . Y con esa poca tierra, la información disponible muestra que producen la mayor parte de la alimentación de la humanidad. Si campesinado y pueblos indígenas siguen perdiendo su tierra, estaremos frente a procesos de exterminio de pueblos y culturas, y el mundo perderá su capacidad de alimentarse. Necesitamos urgentemente devolver la tierra a manos de los pueblos del campo, y luchar por procesos de reforma agraria y restitución territorial que hagan real el derecho a una vida digna y a existir como pueblos de casi la mitad de la humanidad y simultáneamente permitan asegurar mejores sistemas alimentarios.

Puede bajar la versión PDF de este informe aquí.

Puede bajar la base de datos en PDF aquí.

Puede bajar la base de datos completos en excel aquí.

Al inaugurar 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, José Graziano da Silva. Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se extendió en alabanzas sobre la agricultura familiar y señaló que las familias agricultoras manejan actualmente la mayor parte de las tierras agrícolas mundiales – la friolera de 70% según su equipo. En otro estudio publicado por varias agencias de Naciones Unidas en 2008 se concluyó que los pequeños agricultores ocupaban el 60% de la tierra arable mundial. Otros estudios han llegado a conclusiones parecidas. Con tales cifras, no es sorpresa que los temas de reforma agraria o restitución territorial ni siquiera se mencionen.

Si la mayoría de la tierra de cultivo está en manos campesinas, ¿por qué existen tantas organizaciones campesinas e indígenas que claman por redistribución de tierras y reforma agraria? Porque pese a lo que se diga, no tienen ni remotamente la mayoría de la tierra y, en realidad, en todas partes, el acceso a la tierra de los pueblos rurales está siendo atacado. Desde Honduras a Kenia y desde Palestina a Filipinas, los pueblos han sido desalojados de sus campos y poblados. Aquéllos que resisten están siendo encarcelados o asesinados. Luchas agrarias masivas en Colombia, protestas de líderes comunitarios en Madagascar, marchas nacionales de gente sin tierra en India, ocupaciones en Andalucía – la lista de acciones y luchas suma y sigue. En resumen, la tierra se está concentrando cada vez más en manos de los ricos y poderosos, no en la de campesinos e indígenas.

En relación a la producción de alimentos, escuchamos mensajes contradictorios. En los últimos años, más y más centros académicos y organismos internacionales han reconocido que más de la mitad de los alimentos viene de la pequeña agricultura, y especialmente del aporte de las mujeres. Pero llegado el momento de buscar una solución al hambre, sólo se escucha de apoyar grandes concentraciones de tierras, agricultura industrial, monocultivos transgénicos, etcétera. Todo esto, porque el sistema industrial sería “más eficiente”.

Al mismo tiempo, se nos dice que el 80% de la gente con hambre a nivel mundial se concentra en áreas rurales y muchos de ellos son agricultores o trabajadores agrícolas sin tierra.

¿Cómo encontrarle sentido a todo esto? ¿Qué es verdad y qué no? ¿Qué debemos hacer para hacer frente a estos desequilibrios? Para ayudar a responder algunas de estas preguntas, GRAIN decidió efectuar un examen más profundo de estos hechos. Examinamos país por país la información disponible sobre cuánta tierra está realmente en manos del campesinado y los pueblos indígenas y cuánto alimento producen en esa tierra.

Las cifras, sus fuentes y limitaciones y lo que ellas nos dicen

Al recopilar los datos, siempre que fue posible usamos las estadísticas oficiales y especialmente los censos agrícolas de cada país, complementados con FAOSTAT (base de datos de la FAO) y otras fuentes de la FAO cuando fue necesario. En relación al número de fincas pequeñas o fincas campesinas, en general usamos la definición que cada autoridad nacional utiliza, ya que las condiciones de estas fincas en países diferentes y diversas regiones pueden variar mucho. Para los países donde no existían definiciones propias disponibles, usamos el criterio del Banco Mundial, que define como finca pequeña o campesina toda aquélla menor de 2 hectáreas.

Cuando examinamos la información, nos vimos enfrentados a varias dificultades. Los países definen a campesinos y pequeños agricultores de diferentes formas. No hay estadísticas centralizadas sobre quiénes tienen cuánta tierra. No hay bases de datos que registren la cantidad de producción según su origen. Además, fuentes diferentes, entregan cifras muy variadas sobre la cantidad de tierra agrícola disponible en cada país.

Teniendo en cuenta esto, la información recopilada tiene limitaciones importantes, pero es la mejor disponible. El conjunto de datos que elaboramos está totalmente respaldado por referencias que están disponibles al público online y forman parte integral de este informe. En el Anexo 1 hacemos una discusión más completa sobre los datos.

A pesar de las deficiencias inherentes a los datos, estamos seguros al señalar seis importantes conclusiones:

  1. Hoy en día, la gran mayoría de las fincas del mundo son pequeñas fincas campesinas y se están tornando cada vez más pequeñas.
  2. Actualmente las pequeñas fincas han sido relegadas a menos de un cuarto del total de la tierra agrícola mundial.
  3. Estamos perdiendo rápidamente fincas y agricultores en muchos lugares, en tanto que las grandes fincas se tornan cada vez más grandes.
  4. Las fincas campesinas e indígenas siguen siendo las mayores productoras de alimentos en el mundo.
  5. En conjunto, las fincas pequeñas son más productivas que las grandes.
  6. Las mujeres constituyen la mayoría del campesinado indígena y no indígena.

Mucha de estas conclusiones parecen obvias, pero dos cosas nos alarmaron.

Una de ellas fue observar que la concentración de la tierra es un fenómeno mundial, incluso en aquellos países en que se supone que los programas de reforma agraria del siglo 20 habían acabado con ella. En muchos países, ahora mismo, está ocurriendo una contra-reforma, una especie de reforma agraria en reversa, ya sea la apropiación de tierras por las corporaciones en África, el reciente golpe de Estado en Paraguay impulsado por los empresarios agrícolas, la expansión masiva de las plantaciones de soya en América Latina, la apertura de Birmania a los inversionistas extranjeros o la expansión hacia el este de la Unión Europea y su modelo agrícola. En todos estos procesos, el control sobre la tierra le está siendo usurpado a los pequeños productores y sus familias por élites y poderes corporativos que están arrinconando a la gente en propiedades cada vez más pequeñas.

La otra fuente de alarma fue darnos cuenta que actualmente las fincas campesinas ocupan menos de una cuarta parte de toda la tierra agrícola del mundo – o menos de una quinta parte si se excluye China e India de este cálculo. La tierra en manos campesinas es cada vez menor y si esta tendencia persiste no serán capaces de continuar alimentando al mundo.

Examinemos estos resultados punto por punto… (Continuar leyendo el estudio en el sitio de GRAIN www.grain.org)

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